¡Hoy corte una flor y llovía y llovía! Era para mi amor ¡y llovía y llovía! – Leonardo Favio.
En la era del Big brother, en el festín de los espías y los fisgones, en 1984 veinticinco años después*. Alguien… alguien guarda sigilosamente un secreto.
Secreto: Suculento mangar para los curiosos. Sobre todo para su servidora, una pobre mujer dotada de tantos prejuicios que bien valdría postularla como adivina o chamán antropológica, pues le basta una sola mirada, quizás dos, y el bulto citadino que se tope con ella, arrastrará tremenda etiqueta hasta su casa o hasta perderse en la tumultuosa calle de donde salió.
Demasiada introducción, diría mi estimado César, en efecto le respondería. Así que vayamos al grano, o al film para ser más exactos, tanta referencia al secreto se debe a Whisky, excelsa obra cinematográfica de Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll.
Whisky, es una caída libre al tedio de la fatigosa rutina de Marta Acuña y Jacobo Köller, administradora y propietario, respectivamente, de una fabrica de calcetines, sí, calcetines, cuyas costuras parecen estar provistas de mayor emotividad que las arrugas que agrietan la cara de estos dos ancianos. Sin embargo, no sólo de automatismo meticulosamente filmado se llena la pantalla, ambos enfrentarán una aventura, la llegada del hermano de Herman, a quien le harán creer que son una feliz pareja.
Lentamente, como se desarrolla todo en Whisky, se nos develara una añeja rivalidad entre los hermanos y una querella por el cuidado de una madre enferma, donde Herman, se desatendió de sus responsabilidades de hijo y abandonó la difícil tarea a Jacobo.
Completo el triangulo, emprenderán un viaje a Piriapolis. El mar, la alberca, los canapés y la música de Leonardo Favio jugaran con el corazón y la vagina en desuso de Marta, quien terminará tendida sobre la cama de Herman, mientras su falso esposo duerme.
Para quien no ha tenido el gusto de verla, estoy arruinando la experiencia con está sinopsis, espero me perdoné, pero que otra cosa podría contar, si al finalizar de verla inhalas y exhalas un suspiro en un físico intento de sacar la sensación de vacío que provoca el film.
Whisky, apología dedicada a la pesadumbre de horas infructíferas, al caminar de la vida sin sentido, la miseria humana en un celuloide que no prometía nada y que paradójicamente resulto ser eso: la nada infinita, la nausea de Sartre, una serie de repeticiones, un vaivén de acciones inertes y una historia que continúa tal cual la encontramos.
Para no enfermar y llegar naturalmente a la muerte es necesario llenar la vida de cosas, y de Whisky, he decidido tomar el secreto o mejor dicho el misterioso papel que Marta Acuña le extiende a su amante al despedirse de él en el aeropuerto.
Como un gato cazando un ratón, fantaseo con su contenido y soy feliz admirando mis pistas: es breve y sugerente, como los comentarios de Marta donde expresa sus deseos de visitar Brasil, el destino del playboy, del hermano traidor.
Ese papel, baúl del guionista, donde probablemente su personaje perdió timidez y escribió algo como: Lo que paso anoche fue muy lindo, me gustaría repetirlo, estoy dispuesta a ser tu amante e irme a Brasil - Marta.
Profundizando en las manías de la mujer, quizás lo hizo en clave: on yos al asopse ed ut onamreh emzah ayut arto zev – atraM.
No le digas nunca a Jacob, guardemos el secreto hasta la tumba - Marta. Es sin duda, la respuesta más improbable, representaría un acto estoico que encubriría la mentira montada por Jacobo.
Cual sea, nunca lo sabremos, y con ello, la nada nos regala incertidumbre, dilemas para entretener los días y hacer su lastre más llevadero.
* Nickname del gato clonado durante el invierno del 2009.