jueves, 8 de julio de 2010

¡Whisky!



¡Hoy corte una flor y llovía y llovía! Era para mi amor ¡y llovía y llovía! – Leonardo Favio. 

En la era del Big brother, en el festín de los espías y los fisgones, en 1984 veinticinco años después*. Alguien… alguien guarda sigilosamente un secreto.
Secreto: Suculento mangar para los curiosos. Sobre todo para su servidora, una pobre mujer dotada de tantos prejuicios que bien valdría postularla como adivina o chamán antropológica, pues le basta una sola mirada, quizás dos, y el bulto citadino que se tope con ella, arrastrará tremenda etiqueta hasta su casa o hasta perderse en la tumultuosa calle de donde salió.
Demasiada introducción, diría mi estimado César, en efecto le respondería. Así que vayamos al grano, o al film para ser más exactos, tanta referencia al secreto se debe a Whisky, excelsa obra cinematográfica de Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll.
Whisky, es una caída libre al tedio de la fatigosa rutina de Marta Acuña y Jacobo Köller, administradora y propietario, respectivamente, de una fabrica de calcetines, sí, calcetines, cuyas costuras parecen estar provistas de mayor emotividad que las arrugas que agrietan la cara de estos dos ancianos. Sin embargo, no sólo de automatismo meticulosamente filmado se llena la pantalla, ambos enfrentarán una aventura, la llegada del hermano de Herman, a quien le harán creer que son una feliz pareja.
Lentamente, como se desarrolla todo en Whisky, se nos develara una añeja rivalidad entre los hermanos y una querella por el cuidado de una madre enferma, donde Herman, se desatendió de sus responsabilidades de hijo y abandonó la difícil tarea a Jacobo.
Completo el triangulo, emprenderán un viaje a Piriapolis. El mar, la alberca, los canapés y la música de Leonardo Favio jugaran con el corazón y la vagina en desuso de Marta, quien terminará tendida sobre la cama de Herman, mientras su falso esposo duerme.
Para quien no ha tenido el gusto de verla, estoy arruinando la experiencia con está sinopsis, espero me perdoné, pero que otra cosa podría contar, si al finalizar de verla inhalas y exhalas un suspiro en un físico intento de sacar la sensación de vacío que provoca el film.
Whisky, apología dedicada a la pesadumbre de horas infructíferas, al caminar de la vida sin sentido, la miseria humana en un celuloide que no prometía nada y que paradójicamente resulto ser eso: la nada infinita, la nausea de Sartre, una serie de repeticiones, un vaivén de acciones inertes y una historia que continúa tal cual la encontramos.
Para no enfermar y llegar naturalmente a la muerte es necesario llenar la vida de cosas, y de Whisky, he decidido tomar el secreto o mejor dicho el misterioso papel que Marta Acuña le extiende a su amante al despedirse de él en el aeropuerto.
Como un gato cazando un ratón, fantaseo con su contenido y soy feliz admirando mis pistas: es breve y sugerente, como los comentarios de Marta donde expresa sus deseos de visitar Brasil, el destino del playboy, del hermano traidor.
Ese papel, baúl del guionista, donde probablemente su personaje perdió timidez y escribió algo como: Lo que paso anoche fue muy lindo, me gustaría repetirlo, estoy dispuesta a ser tu amante e irme a Brasil - Marta.
Profundizando en las manías de la mujer, quizás lo hizo en clave: on yos al asopse ed ut onamreh emzah ayut arto zev – atraM.
No le digas nunca a Jacob, guardemos el secreto hasta la tumba - Marta. Es sin duda, la respuesta más improbable, representaría un acto estoico que encubriría la mentira montada por Jacobo.
Cual sea, nunca lo sabremos, y con ello, la nada nos regala incertidumbre, dilemas para entretener los días y hacer su lastre más llevadero.


* Nickname del gato clonado durante el invierno del 2009.

Stage fright


Si hubiese nacido sesenta años antes,  probablemente sería fanática de Alfred Hitchcock y lesbiana devota de Marlene Dietrich, el nuevo milenio me ha hecho heterosexual y desconfiada, al grado de mirar con recelo a mí venerado Kusturica y sus últimas producciones, y amar a los personajes muy por encima de los actores que les dan vida.
En 1950, yo tendría 26 años y correría a las salas de los cines, ataviada  a la Mía Farrow en la Rosa púrpura del Cairo, ansiosa de  presenciar la mancuerna de estos dos astros, Hitchcock y Dietrich. El viejo cine Diana, convertido desde hace 16 años en una espeluznante tienda  Elektra, anunciaría en letras rojas sobre fondo blanco: Stage fright o algún titulo en español como Pánico en escena.   
Al apagarse las luces e iniciar el clap-clap del cinematógrafo, pasaría a la historia como uno de los primeros testigos del afamado error de Hitchcock: un flashback falso.
Exigente consigo mismo, Hitchcock, no dejo de vilipendiar su creación, totalmente arrepentido de la manera en que resolvió engañar al espectador y al personaje desarrollado por Jane Wyman.
Me pregunto si entre las creencias de Hitchcock, se encontraba la inmutabilidad en la receta para hacer cine. Le falto vida para apreciar propuestas vanguardistas, que no solo iban de la mano con nuevas tecnologías, si no evolucionaba el lenguaje cinematográfico a la par que el espectador crecía como tal y requería nuevas formas de relacionarse con lo que veía en pantalla. Bajo esta visión moderna de hacer cine rompiendo viejos esquemas como parte de la trama, su falso flashback, es antesala y aporte para el cine que le precedió,  no solamente en los términos que competen al género de suspenso.   
Agradezco nacer en los 80´s y poder apreciarlo desde esta óptica, de lo contrario, me hubiese partido el corazón su falta de maestría y ver a Marlene Dietrich convertida en  villana.
No objetó, que estamos ante un Hitchcock modesto al momento de crear suspenso, porque no logramos adivinar hacia donde girará la trama y sabemos que el personaje que interpreta Michael Wilding es inocente, inocencia que tarde o temprano Jane Wyman logrará demostrar, lo que pase en este intervalo es insustancial, el misterio esta resuelto, el característico encanto de Hitchcock esta ausente.
Esta medianía en el suspenso, es lo único inusual de Stage Fright, ya que dentro del film encontramos otras particularidades que definen a Hitchcock: como su fijación por las madres con una indeterminada afectación mental o en definitiva provistas de un rol maternal discrepante con la convencionalidad.
Esta constante en su obra, es representada en Stage Fright por la Sra. Gill, quien nos regala escenas muy divertidas, gracias a una ingenuidad que raya en la locura, mostrándola incapaz de conectarse con la realidad.
La madre desquiciada, puede rastrearse hasta una de sus primeras obras, la película silente The Lodger (1927), donde una madre no logra sobreponerse del shock ocasionado por el asesinato de su hija y le hace prometer a su hijo que encontrara al homicida.
En The man who knew too much (1956), el papel de Edna Best, también tiene una serie de irregularidades, no nos regala una sola escena melodramática pese al secuestro de su primogénita. Y el final, ese final (aplausos)… remata cualquier duda, la regordeta Sra. Lawrence es casi ataráxica si se trata de salvar la vida de su hija.
En ambos casos, las referencias son ambiguas, gozan de mayor claridad películas como: I confess (1953), Strangers on a train (1951) y North by Northwest (1959). Si al menos han visto alguna de estás tres, sabrán perfectamente de lo que hablo, cantidad de extravagantes madres que culminaran con la tenebrosa progenitora de Norman  Bates en Psicosis (1960).
La mujer Sherlock Holmes, emprendedora de aventuras detectivescas por comprobar la inocencia de un hombre, es un personaje común de Hitchcock, la dulce Eve Gill de Stage Fright, tiene su nacimiento trece años antes, en Young and Innocent (1937), cuando Érica (Nova Pilbeam) ayuda a escapar a Robert Tisdall (Derrick de Marney) de la policía y junto a él inicia la búsqueda de una gabardina que los llevara con el verdadero culpable del asesinato de Christine Clay.   
En ambos casos, las heroínas comprometerán a sus padres, uno jefe de la policía y con una hija cómplice de un supuesto asesino, y  el otro, con un sugerido pasado delictivo por tráfico de alcohol y ahora escondiendo a petición de su querida Eve, a un prófugo de la justicia.
Los dos criminales también guardan similitudes: asesinos patológicos, pasionales e inspirados por una femme fatal. Uno y otro perfectamente delineados por Hitchcock, en Young and Innocent, hace uso de una magnífica yuxtaposición de elementos, nos muestra a un hombre sereno, pese a que ha sido abofeteado por su esposa, después lo coloca frente a un mar embravecido por una tormenta donde el permanece impávido mientras un relámpago ilumina su rostro y acentúa su tic nervioso. Gran metáfora de una furia reprimida, que esta a punto de desbordarse de quien la posee, aunque éste, sólo logre abrir y cerrar un ojo.    
En Stage Fright se vale de la admirable actuación de Robert Todd en un duelo de miradas con Jane Wyman, en el clímax del film, cuando revela su culpabilidad y nos da uno de los rostros más terroríficos del cine, mezcla de bestialidad con una ingenuidad infantil, sencillamente soberbio.   

Bien, este no es un análisis comparativo, si no una sincera declaración de que hasta lo peor de Hitchcock, es absolutamente placentero
¿Alguien ya vio Sabotage?

Ararat o el significado secreto de las palabras


Antes del Holocausto, Hitler reunió a sus colaboradores y  para convencerlos de que su plan funcionaría,  les pregunto   ¿Quién recuerda el exterminio de los armenios?
Al parecer el cine lo recuerda, he escuchado esta anécdota dos veces en menos de una  semana, la primera en la película Ararat, escrita y dirigida por el armenio Atom Egoyan, una obra compleja que aborda una realidad atroz : las condiciones paupérrimas en que los armenios  fueron exiliados de Turquía en 1915, perdiéndose alrededor de  800, 000  vidas y el significado que estas muertes  tienen para los sobrevivientes y su extirpe,  un legado de dolor, de supervivencia y de lucha constante por ser recordados.
El olvido,  amigo de los tiranos,  encuentra un enemigo titánico: EL ARTE, ya sea en prosa, en verso, en acuarela y o al oleó, el arte, es un depositario de nuestra historia, un código sagrado que explica quienes somos, como y porque llegamos aquí.
 Ararat,  da muestras de ello tridimensionalmente,  primero con su existencia; segundo, en su trama nos cuenta la historia de Arshile Gorky, pintor armenio que junto a su madre vivió el exilio,  perdiéndola  en manos de la inanición e inmortalizándola en la pintura The Artist and his Mother,  y por último, mediante la metalepsis, recurso cinematográfico utilizado por Egoyan, donde el rodaje de  una película con el mismo tópico, sirve como escenario  y punto de encuentro para sus personajes.
Por otro lado, el autor se vale de la ficción para dialogar sobre  el conflicto actual entre Turquía y Armenia, debido a la negación del holocausto por parte de los turcos. Utiliza una historia familiar,  Ani, Raffi y Cecilia, (madre, hijo y hermanastra),  personajes en disputa por un pasado que no logra aclararse,  donde Ani y Cecilia guardan una versión distinta de la muerte del esposo de Ani, padre de Cecilia.  
El tiempo no serena el odio entre estas dos mujeres, por el contrario,  añeja el resentimiento, dando  pie a nuevas agresiones. En tal escenario, no hay esbozo de reconciliación, pese a que sus vidas continúan articuladas por Raffi,  joven que busca comprender los motivos que tuvo su padre, al morir en el intento de asesinar a un diplomático turco. 

Toda historia, es historia contemporánea, escribió B. Crocce,  he aquí un intento de Egoyan de rescatar la propia, la que le corresponde como descendiente armenio, verdadera para él y los suyos,  la historia como experiencia sensorial,  viva y encendida  en el corazón de los que la vivieron y la dieron de alimento a sus hijos, no para enardecer el odio entre las naciones,  si no para conservar su herencia.

Como mencione en un inicio,   ¿Quién recuerda el exterminio de los armenios? obtuvo una segunda respuesta en el cine, me refiero a La vida secreta de las palabras  de Isabel Coixet.
 
A diferencia de Ararat, La vida secreta de las palabras esta mayor dotaba de belleza, una cuidada fotografía donde sobresalen magníficas tomas de mar abierto, una de ellas, enmarcada por la exquisita y  extravagante voz de Anthony Hegarty, entonando Hope there̒s someone, escena que eriza la piel y conmueve a los lagrimales. 
 En esta ocasión la talentosa Isabel, deja a un lado su característica sencillez y entra al juego de la metaficción, con una clara alusión a Dancer in the dark en el inicio del film, este homenaje a la historia de Selma (Björk), la inmigrante checoslovaca creada por Lars von Trier,  le dará un giro posterior a la lectura que pueda darse del film.   
 Salvo esto,  ideológicamente no logra desenvolverse como la creación de Egoyan, únicamente rasguña el tema para aterrizarlo en la última media hora de la película, justo en el momento climático se nos revela como un cubetazo de agua fría en pleno invierno, Ann (Sarah Polley) , la joven que cuida al enfermo Jeff (Tim Robbins), misteriosa y de extrañas manías,  tiene un pasado de sangre, fue prisionera  en la guerra de los Balcanes,   pese a todas las pistas, NUNCA LO IMAGINAMOS, la epifanía trae consigo el reproche en boca de Julie Christie: ¿Quién recuerda el exterminio de los armenios? ¿Quién recuerda el conflicto de los Balcanes?  Y como niño regañado hemos de contestar con silencio, atónitos ante un dolor tan insospechado como desgarrador.