jueves, 8 de julio de 2010

Stage fright


Si hubiese nacido sesenta años antes,  probablemente sería fanática de Alfred Hitchcock y lesbiana devota de Marlene Dietrich, el nuevo milenio me ha hecho heterosexual y desconfiada, al grado de mirar con recelo a mí venerado Kusturica y sus últimas producciones, y amar a los personajes muy por encima de los actores que les dan vida.
En 1950, yo tendría 26 años y correría a las salas de los cines, ataviada  a la Mía Farrow en la Rosa púrpura del Cairo, ansiosa de  presenciar la mancuerna de estos dos astros, Hitchcock y Dietrich. El viejo cine Diana, convertido desde hace 16 años en una espeluznante tienda  Elektra, anunciaría en letras rojas sobre fondo blanco: Stage fright o algún titulo en español como Pánico en escena.   
Al apagarse las luces e iniciar el clap-clap del cinematógrafo, pasaría a la historia como uno de los primeros testigos del afamado error de Hitchcock: un flashback falso.
Exigente consigo mismo, Hitchcock, no dejo de vilipendiar su creación, totalmente arrepentido de la manera en que resolvió engañar al espectador y al personaje desarrollado por Jane Wyman.
Me pregunto si entre las creencias de Hitchcock, se encontraba la inmutabilidad en la receta para hacer cine. Le falto vida para apreciar propuestas vanguardistas, que no solo iban de la mano con nuevas tecnologías, si no evolucionaba el lenguaje cinematográfico a la par que el espectador crecía como tal y requería nuevas formas de relacionarse con lo que veía en pantalla. Bajo esta visión moderna de hacer cine rompiendo viejos esquemas como parte de la trama, su falso flashback, es antesala y aporte para el cine que le precedió,  no solamente en los términos que competen al género de suspenso.   
Agradezco nacer en los 80´s y poder apreciarlo desde esta óptica, de lo contrario, me hubiese partido el corazón su falta de maestría y ver a Marlene Dietrich convertida en  villana.
No objetó, que estamos ante un Hitchcock modesto al momento de crear suspenso, porque no logramos adivinar hacia donde girará la trama y sabemos que el personaje que interpreta Michael Wilding es inocente, inocencia que tarde o temprano Jane Wyman logrará demostrar, lo que pase en este intervalo es insustancial, el misterio esta resuelto, el característico encanto de Hitchcock esta ausente.
Esta medianía en el suspenso, es lo único inusual de Stage Fright, ya que dentro del film encontramos otras particularidades que definen a Hitchcock: como su fijación por las madres con una indeterminada afectación mental o en definitiva provistas de un rol maternal discrepante con la convencionalidad.
Esta constante en su obra, es representada en Stage Fright por la Sra. Gill, quien nos regala escenas muy divertidas, gracias a una ingenuidad que raya en la locura, mostrándola incapaz de conectarse con la realidad.
La madre desquiciada, puede rastrearse hasta una de sus primeras obras, la película silente The Lodger (1927), donde una madre no logra sobreponerse del shock ocasionado por el asesinato de su hija y le hace prometer a su hijo que encontrara al homicida.
En The man who knew too much (1956), el papel de Edna Best, también tiene una serie de irregularidades, no nos regala una sola escena melodramática pese al secuestro de su primogénita. Y el final, ese final (aplausos)… remata cualquier duda, la regordeta Sra. Lawrence es casi ataráxica si se trata de salvar la vida de su hija.
En ambos casos, las referencias son ambiguas, gozan de mayor claridad películas como: I confess (1953), Strangers on a train (1951) y North by Northwest (1959). Si al menos han visto alguna de estás tres, sabrán perfectamente de lo que hablo, cantidad de extravagantes madres que culminaran con la tenebrosa progenitora de Norman  Bates en Psicosis (1960).
La mujer Sherlock Holmes, emprendedora de aventuras detectivescas por comprobar la inocencia de un hombre, es un personaje común de Hitchcock, la dulce Eve Gill de Stage Fright, tiene su nacimiento trece años antes, en Young and Innocent (1937), cuando Érica (Nova Pilbeam) ayuda a escapar a Robert Tisdall (Derrick de Marney) de la policía y junto a él inicia la búsqueda de una gabardina que los llevara con el verdadero culpable del asesinato de Christine Clay.   
En ambos casos, las heroínas comprometerán a sus padres, uno jefe de la policía y con una hija cómplice de un supuesto asesino, y  el otro, con un sugerido pasado delictivo por tráfico de alcohol y ahora escondiendo a petición de su querida Eve, a un prófugo de la justicia.
Los dos criminales también guardan similitudes: asesinos patológicos, pasionales e inspirados por una femme fatal. Uno y otro perfectamente delineados por Hitchcock, en Young and Innocent, hace uso de una magnífica yuxtaposición de elementos, nos muestra a un hombre sereno, pese a que ha sido abofeteado por su esposa, después lo coloca frente a un mar embravecido por una tormenta donde el permanece impávido mientras un relámpago ilumina su rostro y acentúa su tic nervioso. Gran metáfora de una furia reprimida, que esta a punto de desbordarse de quien la posee, aunque éste, sólo logre abrir y cerrar un ojo.    
En Stage Fright se vale de la admirable actuación de Robert Todd en un duelo de miradas con Jane Wyman, en el clímax del film, cuando revela su culpabilidad y nos da uno de los rostros más terroríficos del cine, mezcla de bestialidad con una ingenuidad infantil, sencillamente soberbio.   

Bien, este no es un análisis comparativo, si no una sincera declaración de que hasta lo peor de Hitchcock, es absolutamente placentero
¿Alguien ya vio Sabotage?

1 comentario:

  1. de Hitchcock? nel pastel, aun me faltan ver muchs otras mas importantes como EL HOMBRE QUE SABIA DEMASIADO!!!! ademas que si se me antojo mucho ver esa de stage fright ;)

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